Las sombras del parto y su influencia en la fertilidad

LAURA GARCÍA NAVALÓN

LAURA GARCÍA NAVALÓN

Psicóloga perinatal
www.lauragn.es

Normalmente, cuando nos imaginamos a una mujer dando a luz, tenemos la imagen de una familia feliz, ilusionada, que después de aproximadamente 40 semanas, acaba de conocer a su anhelado bebé. Probablemente se nos venga a la cabeza una mamá que sostiene en brazos a su hijo/a dándole el pecho, mientras su pareja los mira con gran ternura.

Pero esto no siempre es así. No todas las mujeres viven partos bonitos y maravillosos, algunas, por desgracia, tienen una experiencia que las marca emocionalmente y les afecta mucho tiempo después del nacimiento. Un alto porcentaje de mujeres encuentran algún momento, a lo largo de todo el trabajo de parto en el que no se sintieron seguras, informadas o apoyadas; y esto tiene que ver en gran medida con el proceso de medicalización que ha sufrido tanto el periodo del embarazo como del parto. Procesos fisiológicos saludables se han convertido en foco de atención médica; es como si tuviéramos que acudir al médico cada vez que hacemos la digestión para “ver que todo va bien”.

El parto es un proceso para el que las mujeres, como mamíferas, estamos preparadas fisiológicamente porque lo llevamos haciendo miles de años, sino, nuestra especie no hubiera sobrevivido. Pero en este paradigma médico en el que se vive, hace que esté constantemente obstaculizado e intervenido: vías endovenosas, inmovilización de la mujer, monitorización continúa, administración de hormonas sintéticas, y poca o nada atención al estado emocional de la mujer que está pariendo. Y precisamente cómo se esté sintiendo la mujer es fundamental para facilitar todos los procesos que contribuyen al nacimiento del bebé. El miedo es el antagonista de la oxitocina, necesaria para las contracciones uterinas. Una mujer puede sentir miedo, incluso antes de llegar al hospital, por haber escuchado experiencias de su madre, tías, amigas en las que cuentan lo doloroso que les resultó el parto, el entorno frío que supone un paritorio típico de un hospital, el control intensivo al que son sometidas las parturientas con tactos vaginales frecuentes o monitorización continua… Dicen que el ambiente que se necesita para hacer el amor es el mismo que se necesita en el parto: intimidad, calidez, confianza, seguridad… Las hormonas que intervienen son las mismas.

El parto traumático tiene un componente subjetivo, es decir, se trata de la percepción de la madre sobre algún aspecto del nacimiento que le haya resultado traumático, y no quiere decir que todas las mujeres lo vivan de la misma manera. Todo este ambiente estresante se queda grabado fuertemente en el cerebro de la reciente mamá, pudiendo causar, en los casos más graves, un Trastorno de Estrés Postraumático Posparto (TEPTP). Este trastorno se caracteriza porque la persona que lo sufre ha vivido una experiencia en la que percibe que su vida, o la de su bebé, estaban en peligro, evitan aspectos que les recuerden a ese momento (hospital, embarazadas, grupos de madres…), sufren flasbacks en los que reviven el suceso como si les estuviera pasando en ese mismo momento, tienen pesadillas y en muchos casos tienen un sentimiento de extrañamiento, como si no supieran muy bien de dónde ha salido ese bebé. Todas estas consecuencias se viven en un momento de alta vulnerabilidad y van a tener repercusiones en diferentes ámbitos de la vida de la persona.

En el caso de las mujeres que quieran volver a ser madres y decidan buscar un bebé puede suponer un obstáculo importante a la hora de quedarse embarazada.

Haber vivido un parto traumático puede cambiar los planes de vida de una familia, puesto que, si querían tener más hijos, el miedo a vivir de nuevo una experiencia similar, puede hacer que la pareja decida no tener más bebés.

A nivel fisiológico, tenemos que tener en cuenta que una persona traumatizada segrega cortisol, la hormona del estrés, y que este es incompatible con la oxitocina, la hormona del amor, por lo que se puede comprender la relación que puede haber entre el estrés y la ansiedad y las dificultades para quedarse embarazada.

Un estrés agudo mantenido durante mucho tiempo puede desequilibrar los sistemas neuroendocrinos. Se ha visto que las hormonas del estrés interfieren con otras hormonas segregadas por el hipotálamo, como es la hormona liberadora de gonadotropina, necesaria para que la hipófisis elabore hormona luteinizante y hormona folículo-estimulante, esenciales para el proceso de ovulación y posterior concepción. El hipotálamo cuenta con neurotransmisores que controlan tanto el estrés como la reproducción, por lo que se puede ver la interferencia recíproca que pueden llegar a tener ambos.

A nivel emocional y psicológico, las relaciones sexuales con la pareja se hacen difíciles, ya que puede hacer que se revivan ciertos aspectos de la situación del parto, y además llevan intrínsecas la posibilidad de quedarse embarazada en el caso de parejas heterosexuales, lo que puede causar rechazo en la mujer. Así, nos encontramos con situaciones en las que la pareja también resulta dañada, con una mujer que se siente totalmente bloqueada y además incomprendida por su compañero/a y a su vez, la pareja, que puede sentirse rechazada si no tiene información acerca del estado en el que se encuentra su mujer.

Este bloqueo se debe a que nuestro cerebro ha sido incapaz de procesar e integrar el suceso traumático del parto. Es como si una parte de nosotras se hubiera quedado congelada en ese momento y no pudiera seguir adelante. El bloqueo puede llegar a ser tal, que la mujer puede desconectarse de la realidad y de sí misma, a esto se le llama disociación. Y tiene importantes repercusiones sobre todo en el vínculo madre bebé, ya que la mamá puede sentir cierto rechazo hacia el/la niño/a, y puede no estar conectada con sus necesidades.

Es importante que las mujeres y sus parejas tengan información sobre el proceso del parto para que tengan la oportunidad de decidir cómo, dónde y con quién lo quieren vivir. También es fundamental que se conozcan las consecuencias que puede tener haber vivido un parto traumático, tanto por parte de los profesionales de salud, como por parte de la pareja. Algo fundamental para poder disminuir el malestar vivido durante el nacimiento es que esta familia, sobre todo la reciente mamá, sea cuidada y atendida en el posparto inmediato. La madre necesita poder hablar de ello en un espacio en el que se sienta segura, esto le ayudará a poder integrar la experiencia y sanarla. Por eso es esencial que un profesional de la salud mental esté atento a las necesidades de la mamá y que se le pueda dar información sobre grupos de apoyo en los que puede sentirse comprendida y aliviada al contar su experiencia y escuchar la de otras madres.

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