Transitar los duelos en el proceso de ser madre o padre

Lola Pavón

Lola Pavón

Psicóloga general sanitaria y psicoterapeuta.
Experta en psicología perinatal
www.lolapavon.es

Desde el momento en que una persona o pareja se plantea la idea de ser madre o padre comienza uno de los viajes más emocionantes que un ser humano puede recorrer. La aventura de la maternidad y la paternidad movilizará numerosos procesos de ajuste y el nuevo proyecto se irá fraguando poco a poco. Lo curioso es que todo esto sucederá desde mucho antes de que exista un bebé. 

 

Tener esta comprensión amplia de lo que implica la maternidad y la paternidad ayudará a entender el motivo por el que cuando los acontecimientos no salen como esperábamos puede darse un proceso de duelo al que hay que dar espacio y lugar para poder transitarlo con los cuidados que sean necesarios.

 

Cuando comienza ese deseo de ser mamá o papá pueden suceder algunas de estas cosas:

 

  • Comenzamos a vernos como madres o padres. Eso puede implicar una revisión de nuestra historia como hijos e hijas y del estilo de crianza de nuestras familias de origen, conformando una idea de aquello que nos gustaría que pasara en nuestro nuevo camino.
  • Empezamos a imaginarnos a ese futuro hijo o hija, fantaseamos con cómo será, cómo viviremos la vida a su lado, qué retos y aprendizajes nos supondrá, qué nos aportará esa persona.
  • Reorganizamos la idea de familia y la forma de vida que llevábamos hasta ahora, para contemplar la llegada del bebé que requerirá de nuevas dinámicas.
  • Hay quienes se plantean incluso cambios de domicilio o de trabajo, de forma que se genere un contexto que ayude en la crianza.

Todo ello va trazando una idea de cómo nos imaginamos que será todo el proceso y en algunos casos inicia un plan de acción. También implica el establecimiento de un vínculo nuevo con una persona que, aunque aún no ha llegado, va ocupando un lugar importante. Sólo con ser una idea en la mente de su mamá o su papá, el bebé ya va configurando cambios importantes en nosotros, internos y externos. 

 

La mayoría de viajes de maternidad y paternidad, más o menos, se van ajustando a esas ideas y planes iniciales, aún con una gran variabilidad. Abrirse a ser madre o padre es abrirse a la incertidumbre y al misterio de la vida, pero en la mayoría de casos, afortunadamente, todo va muy bien.

 

En otras ocasiones, sin embargo, el proceso no sale como esperábamos y nos lleva a transitar situaciones que pueden ser complejas. A veces el bebé fallece dentro del vientre de la madre, en el parto o días después de nacer. Incluso algunas veces pueden darse varias pérdidas seguidas. En algunas ocasiones se dan problemas en el trascurso del embarazo debido a alguna enfermedad, malformación, etc. que puede hacer que no se pueda o se quiera seguir adelante con ese embarazo. También nos podemos encontrar con un diagnóstico de infertilidad y el bebé no puede ser concebido de forma natural. O en casos donde se inician procesos de fertilidad asistida pueden darse intentos que no son viables. 

 

Todas estas situaciones suelen conllevar procesos de duelo, recorriendo un camino desde lo que la persona había concebido en su mente y su corazón hasta el aterrizaje en una realidad distinta. Mamás y papás ya se habrán vinculado con esos bebés no nacidos o con los bebés fallecidos, y ese lazo habrá de trasformase hasta poder recoger todo ese amor y esa huella que ya han dejado en quienes deseaban tenerles.

 

Por ello es importante que estos duelos puedan vivirse y transitarse. Muchos son invisibilizados, es como si al “no haber bebé vivo” no hubiera derecho al duelo, y esto genera mucho dolor y sensación de soledad e incomprensión en algunas familias que no encuentran la manera y los lugares para poder recibir el apoyo necesario ante una situación que suele ser difícil. Quizá este sea el punto más importante a la hora de vivir un duelo, el poder hacerlo visible, el poder vivirlo con la libertad de expresar lo que nos pasa y con el apoyo y la ayuda de quienes nos rodean, entendiendo que es normal que suceda.

 

Es bastante frecuente que aparezcan sentimientos intensos de tristeza, dolor, rabia, a veces desesperanza, angustia, impotencia, culpa, incluso desorientación y confusión. También habrá sensaciones de mucho amor hacia esos bebés, de agradecimiento. Muchas personas vivirán procesos de profundo aprendizaje. Será importante permitir que esas emociones estén, hasta que poco a poco se vayan organizando internamente. De poco sirve querer que se vayan, más bien esas emociones necesitarán ser atendidas, escuchadas y cuidadas. Poder hablar de lo que nos sucede y expresarlas con las personas más allegadas podría ser de gran ayuda. Los grupos de ayuda mutua son también espacios muy nutritivos donde podremos compartir con otras personas que están viviendo situaciones similares y tener esa red de apoyo.

 

No habrá dos duelos iguales y cada persona lo vivirá de una forma distinta. Los tiempos serán variables en ese sentido. A veces puede pensarse que al cabo de unos pocos meses ya todo el proceso debería haber terminado y esto no tiene que ser así. Los vínculos no desaparecen. De hecho, sólo se trasforman. Por ello las palabras “superar”, “olvidar”, “pasar página” no son de mucha ayuda. Más bien podemos hablar de “asimilar”, “trasformar”, “recordar”, “reorganizar”, “afrontar”, “transitar”, “recorrer”. Cada persona o pareja habrá de ir revisando cómo se siente y qué apoyos necesita en cada momento.

 

Pueden darse también sentimientos de ambivalencia en cuanto al propio cuerpo, ya que afrontar estás pérdidas o la noticia de infertilidad requerirá procesos de recuperación y/o de modificación de la propia identidad. Vivir este proceso desde la amabilidad con una misma o uno mismo, el cuidado y la aceptación ayudará en este sentido.

 

En el caso de las parejas, también pueden aparecer divergencias en la forma de vivir el duelo, donde cada miembro de la pareja lo puede afrontar de forma distinta. Es fundamental que haya una comunicación fluida, donde se trabaje en equipo, donde puedan expresarse la emociones y pueda haber cuidado mutuo a lo largo de cada momento del proceso. Muchas parejas sienten que estos duelos les fortalecen y su relación cobra una nueva entidad muy nutritiva.

 

En algunas ocasiones será necesario reconducir el deseo de maternar y/o paternar. Y puede enfocarse en el planteamiento de alternativas para tener hijos o hijas como la fertilidad asistida, la acogida o la adopción, o puede reorientarse hacia una familia sin hijos.

 

Sea cual sea el final del camino desde ese deseo inicial de ser mamá o papá, lo más importante es esa apertura a lo incierto y esa base amorosa de entrega y generosidad, para que en caso de que sucedan cosas no esperadas nos tratemos con respeto, amor y cuidados. La semilla de amor desde la que surge ese deseo puede ser muy fértil en muchos sentidos y os invito a que desde ahí viváis vuestro proceso. 

 

 

 

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